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Turismo de vendimia: en estas bodegas gallegas recoges uva y haces vino

AGRICULTURA

Martina Miser

Cada vez son más las bodegas que abren sus puertas a los visitantes cuando se inicia la vendimia y les dan la oportunidad de, tijeras en mano, recolectar sus propios racimos y hasta elaborar sus propios caldos. Más que una experiencia es un disfrute para los sentidos

26 sep 2023 . Actualizado a las 20:44 h.

Para aquellos para los que la vendimia era una tarea que les venía impuesta, en la mayoría de los casos para echar una mano a la familia, es toda una sorpresa que haya quien esté dispuesto a pagar por pasarse horas bajo el viñedo, ensuciándose las manos mientras corta uno tras otro todos los racimos de uva que se le ponen por delante. Pero para el visitante que se acerca al mundo del vino, sobre todo para aquel que lo hace por primera vez, meterse bajo el tradicional emparrado gallego y ver cómo se recogen las uvas es algo tan sorprendente que raro es el que no pide unas tijeras para probar la experiencia. Así que cada vez son más las bodegas que ofrecen experiencias de todo tipo durante esta época. La mayoría completan sus visitas con un paseo bajo los viñedos donde se está efectuando la recolección de la uva, pero hay quien propone un pícnic o una recogida de uva suficiente para elaborar su propio vino.

Martina Miser

«Hemos visitado otras bodegas, pero esta es la primera vez que vemos la vendimia en directo y nos parece muy interesante». Ruth es una vecina de Tarragona, que está visitando Pazo Baión junto a Agustín. En esta emblemática finca de Rías Baixas, considerada hace unos años como el mejor rincón enoturístico de España, no organizan actividades propias de vendimia. Pero reconocen que sus tradicionales visitas a la finca y a la bodega ganan mucho en esta época. «Sempre os levamos a zonas onde se está vendimando para que corten unha pouca uva e se involucren no proceso», cuenta Eugenia Castro, responsable de comunicación en Pazo Baión. Y eso hace Ruth, hacerse con unas tijeras y probar a cortar algunos racimos. «Allá en Tarragona, muchas bodegas pequeñas no hacen visitas en vendimia y es una pena», cuenta Agustín. Quiere saber qué racimos se vendimian y cuáles no, y eso se lo explica muy amablemente uno de los vendimiadores. «Este más pequeño está verde, prueba la uva. Este, en cambio, está perfecto, vuelve a probarla», le anima. Y así comprueba que la cosecha que se está recogiendo en este momento está en su punto óptimo de maduración. «¿Non se vos quedaron as mans pegadas? Pois iso é polo azucre que conteñen as uvas», informa Eugenia.

«Nosotras vinimos porque nos lo recomendó un amigo», cuenta Carolina, que se ha llegado desde Málaga junto con Loli, de Barcelona. Es esta última la que se decide a cortar sus propios racimos. «No es difícil, aunque parece un poco cansado cuando estás mucho rato», explica. Tras haber probado la experiencia, y las uvas, los turistas continúan con su visita. Ahora irán a la bodega a ver cómo las cajas son descargadas y cómo la uva se selecciona a mano antes de llegar a las prensas.

Un Airbnb de vendimia

El interés por la vendimia gallega es tal que ha llegado a oídos de Airbnb. La popular plataforma de alojamientos ha seleccionado a una serie de anfitriones y bodegas locales de Cataluña, el País Vasco y Galicia para que ofrezcan un precio promocional y, además, completen su estancia con una visita a una bodega. La zona elegida fue la Ribeira Sacra, donde podrán alojarse en Adega Miña, que tiene más de cien años de historia, y disfrutar de una visita con cata guiada a Abadía da Cova. La experiencia incluye un paseo por al museo del vino, donde esta firma tiene plantadas más de veinte variedades de uva diferentes, una vista panorámica desde el Cabo do Mundo y un recorrido por la bodega, que concluirá con la cata de cuatro vinos y un licor, maridados con una selección exclusiva de cuatro quesos locales.

«No ofrecemos actividades especiales durante la vendimia. Pero el recorrido incluye una visita a la bodega y, en esta época, pueden ver cómo prensamos la uva o cómo hacemos el vino. Es algo espontáneo, que no se hace para las visitas, sino porque estamos trabajando y suele gustar mucho», explica Carolina Osorio, responsable de enoturismo de la bodega. Además, sus paseos empiezan en el Museo do Viño, que es una plantación con más de 20 variedades de uvas diferentes donde, en esta época, se pueden probar y tocar para ver las diferencias que existen entre ellas.

CARLOS CORTÉS

Pero, sin duda, una de las mejores y más completas formas de disfrutar, de la vendimia en Galicia es el Viñobus de vendimia que pone en marcha el consorcio de turismo de la Ribeira Sacra. La idea partió de los buses con los que, todos los años, las rutas del vino de Galicia recogen a turistas de toda la comunidad para hacerles pasar un día recorriendo bodegas sin que tengan que preocuparse del transporte. «Queríamos aprovechar la experiencia de vendimia, que hace mucho más atractivos esos recorridos», cuenta Alexandra Seara, gerente del consorcio de turismo. Fue todo un éxito. «Las plazas se agotan en nada y si duplicáramos o triplicáramos, también venderíamos todo», sostiene.

La idea es que los participantes en esta experiencia puedan conocer, y vivir en primera persona, cómo es el proceso de la recogida de la uva y de la elaboración de los vinos. Así que, a primera hora de la mañana, se suben a un autobús que los llevará a una bodega previamente seleccionada. Allí comenzarán con un paseo entre los viñedos, que les permitirá conocer la vid y su cuidado, así como las diferentes variedades de uva que existen en la comunidad. Entonces llegará el momento de que se hagan con un par de tijeras, con las que cortarán sus primeros racimos. Tendrán que llenar unas cuantas cajas y se ocuparán también de cargar con ellas, usando los raíles típicos de esta zona, si es que los hay en esa plantación. Después vuelven a la bodega, donde podrán pisar las uvas, siguiendo así el proceso tradicional de elaboración de vinos que se hacía antiguamente en Galicia. Su tarea termina cuando dejan los mostos fermentando en manos de los enólogos. Porque la idea es que, dentro de unos meses, los participantes que así lo soliciten reciban en sus casas el vino que vendimiaron y elaboraron. «El año pasado realizamos entre 20 y 25 envíos de vino», explica Seara.

La visita incluye catas de uvas y de vino y, por supuesto, un merecido almuerzo a pie de la bodega que, ya avisan, consistirá en platos fríos emulando al menú que degustan los propios viticultores durante la jornada de vendimia. Este año, la experiencia se puso en marcha el pasado día 16 en Finca Míllara y hubo otros tres recorridos más. Todos, con las plazas agotadas.

Seara explica que la mayoría de los que participan en esta actividad tienen a algún conocido que la ha hecho con anterioridad. También, que buena parte de ellos son parejas de entre 30 y 50 años de edad o familias completas, que vienen a pasar el día disfrutando con la vendimia. «Salimos alrededor de las diez de la mañana de Monforte y la vuelta suele ser a las cinco o seis de la tarde, dependiendo de lo que se entretenga el grupo», cuenta. Hay quien opta por repetir esta experiencia año tras año, pero también quien, tras conocer las posibilidades de la zona, opta por organizarse la visita él mismo. «Hay mucha gente que, después, busca esa misma experiencia pero hecha a medida», cuenta Seara. Y es que el otoño es una de las épocas altas en esta denominación de origen. «La vendimia es un aliciente más, pero septiembre, octubre y noviembre son meses muy buenos de turismo en esta zona por el otoño», concluye.

ALEJANDRO CAMBA

Con la cesta del pícnic

En Viña Costeira están convencidos de que las bodegas deben ofertar, cada vez más, actividades diferentes que permitan a los turistas acercarse al mundo del vino. Por eso su programación suele incluir paseos en bicicleta, brunchs o catas maridadas. Hace cuatro años decidieron también organizar un pícnic entre viñedos, que permite al visitantes disfrutar de las plantaciones del Pazo de Toubes, aprender el proceso de elaboración de los vinos y terminar la visita degustando una cesta llena de productos gourmet gallegos, regados por supuesto con una botella de Viña Costeira. Ahora, ese mismo pícnic se ha adaptado para permitir al visitante disfrutar de la temporada de vendimia. «Intentamos hacer actividades que sean mucho más que la visita a la bodega, porque hay un perfil de consumidor que así lo demanda», cuenta Óscar Martínez, responsable de márketing de la bodega.

La actividad tuvo lugar el pasado sábado, cuando los participantes se desplazaron al Pazo de Toubes. Allí pudieron recorrer los viñedos y coger unas tijeras para ver cómo era eso de cortar los racimos. «Es un punto más, la vendimia les hace gracia y les gusta mucho», añade. Posteriormente, hicieron un recorrido por el pazo, para conocer su historia y su tradición. También pudieron participar en una cata de uvas. «Es algo curioso porque puede reconocer los sabores de esas uvas en los vinos», afirma. Esta es, precisamente, una de las actividades que más suele gustar. La visita concluye con una cesta de pícnic para cada uno de los participantes, que pueden elegir cualquier lugar del viñedo para sentarse a degustar lo que en ella se incluye. Además de la botella de Viña Costeira, en la excursión del sábado había galletas mariñeiras, mermelada de fresa, mora y chocolate, queso gallego, empanada de trigo autóctono caaveiro y pollo campero, pan de bolla, una lata de zamburiñas en salsa de vieira, paté ibérico, chorizos y una bica, que puso el punto dulce. También hay una versión infantil de esta cesta, que incluye un mosto de uva, en lugar de la tradicional botella de vino.

Martínez explica que estas actividades cuentan con un público muy fiel. «Muchos son conocidos de otros años. Tenemos un perfil de consumidor que hace primero una actividad y, si le gusta, pues hace otra diferente. Nos hace además de prescriptor, porque luego se lo cuenta a amigos y familiares, que también vienen», añade. También sostiene que, al igual que en la Ribeira Sacra, septiembre y octubre son meses fuertes de visita para O Ribeiro y que la vendimia es, al final, un atractivo más. La prueba está en que mucha gente que pasa por la zona se para al ver los trabajos de recogida de la uva desde la carretera. «Es una de las actividades que más está tirando y tenemos que aumentar el número de plazas», explica. En su opinión, el enoturismo en Galicia está atravesando un momento muy bueno. «Estamos creciendo ya a un ritmo superior al de antes de la pandemia. Creo que las bodegas lo estamos haciendo muy bien y hemos alejado esa imagen del consumidor elitista, esa idea de que para visitar bodegas había que saber mucho de vino, cuando la realidad es que solo hay que disfrutarlo», asegura.

Puede que meterse debajo de la vid a cortar racimos durante horas no sea tarea sencilla. Quizás por eso a las bodegas les cuesta cada vez más encontrar gente dispuesta a acometer esa tarea. Lo que no parece que les vayan a faltar son turistas que quieran disfrutar de esta experiencia, aunque para ello tengan que cortar unas pocas uvas. Por eso son cada vez más las que hacen el esfuerzo y abren sus puertas a visitas en esta época. Aunque estén hasta arriba de trabajo.